sábado, 1 de septiembre de 2012

Cuento

Foto Paulo Duque

Paso a contar señores, la historia de Fernando.

Se despertó y el golpe intenso del granizo, en el techo del bus, lo hizo pensar que era mejor irse acostumbrando al frío bogotano, era abril. Había venido ya muchas veces a la capital, para ver partidos de fútbol, para visitar a su hermana, por eso sabía que estaban esperando para pagar el peaje de Chusacá. Cuando atravesó el inhóspito paisaje soachuno, recordó una y otra vez las palabras de su madre, quien, desde que Fernando era un niño, le relató la historia familiar, en donde su abuelo, habiendo llegado de Italia, a los diez años de edad, se había visto obligado a trabajar porque su padre sucumbió a una tifoidea, por allá en el sur del Tolima. Fue esa historia, ampliada en sus detalles, la que le sirvió a Fernando para realizar su Tesis de Grado, en Periodismo, en una universidad ibaguereña. Contar como sus antepasados inmediatos, habían salido de su país en 1943, huyendo de la guerra, borrando el recuerdo de los tíos masacrados en disputas de clanes, enmontándose en Colombia, para buscar en donde, por Dios, se podrían criar cabras, cultivar aceitunas, o tomates… el recuerdo que supo, tuvo su abuelo y nunca se le borró, de su cabrita luna, de color negro, que quedó abandonada en Cerdeña. Al pasar por Bosa, pensó en lo que sentirían esos italianos, entrando al país por Puerto Colombia, y como siempre se refirieron a lo visto, diciendo que era un "muelle almendrado".

Llegó a la terminal de buses, esperó a que los demás pasajeros bajaran, sabía que su hermana seguramente no estaría recibiéndolo, porque aunque eran muy unidos, su trabajo como enfermera en un barrio subnormal, no daba respiro. En la terminal compró el diario, no alcanzaba a entender como era que tan sólo existía un periódico nacional, en un país que el veía, no tan pequeño. Se indagó si estaría relacionado con la imposibilidad que tuvo en su pueblo, en la capital de su departamento y en su región para encontrar trabajo y que ahora lo obligaba a llegar a esta ciudad, ruda, extensa, pero cómplice de sus anhelos, en el propósito de salir adelante y laborar en su oficio.

Se alojó en Palermo, barrio que décadas atrás fue orgullo de familias acomodadas, joya arquitectónica, hoy venido a menos, en donde los múltiples usos que se le han dado a las edificaciones, incluyen el de residencias estudiantiles. Cumplió religiosamente un plan de distribución de hojas de vida en los diferentes medios de comunicación, de los que sabía no eran tan pocos, a pesar que sólo existiera un diario nacional. Esperó. De veinticinco, en tres lo entrevistaron, en uno le hicieron pruebas, en ninguno lo contrataron.

Habiendo pasado seis semanas y siendo la perspectiva laboral, en la profesión, incierta, pensó en buscar trabajo en otros campos, pero, si los comentarios de su tesis habían sido tan elogiosos… la envidia de sus compañeros, todos esperaban de él lo mejor. Entre sus datos de emergencia contaba con el teléfono de un exprofesor pastuso, de quien sabía enseñaba en una pequeña universidad de Chapinero, lo buscó y él lo ayudó. No tenía contactos importantes en medios o empresas informativas, pero si sabía de la posibilidad en organizaciones no gubernamentales. Le ubicó un par de citas, una de ellas dio frutos. Allí, una señora, muy elegante, dirigía una fundación de "ayuda al pobre". A Fernando le llamó la atención que le preguntaron, si no habría problema en que a los patrocinadores se les dijera, que a él le pagarían más dinero del que realmente recibiría; así como un comentario de su futura jefa, quien sin tapujos, le dijo como hubiese preferido contratar a una niña, para pagarle menos, pero es que él le había parecido "muy despierto".

Ser tan despierto fue mas bien un problema, porque pudo darse cuenta que la secretaria de la organización era básicamente, incompetente; que la practicante con la que contaban, en convenio con una prestigiosa universidad, sentía tanto por la Fundación, como por su objeto, algo menos que desprecio. Pero lo más preocupante, que su jefa comercializaba con las donaciones que recibía para la entidad, en beneficio personal y que era apegada a los pantallazos mediáticos. En general, no captó mucha relación con todo lo que allí pasaba y "el beneficio al pobre", pero era su trabajo, fue lo que consiguió y se lo tomó en serio.

Por tomárselo en serio, cuando llegó una reportera joven y muy bonita de un canal importante de la TV, buscando información sobre uno de los asuntos que abordaban, -el problema del trabajo infantil-, Fernando le sirvió de apoyo y fuente fundamental, ya que era uno de los temas que él había venido cubriendo e investigando en los dos meses de permanencia en la Fundación, pero además con la motivación por la difusión masiva del asunto en un medio estratégico, investigó lo que pudo sobre el tema y apoyó a la reportera, con quien además se entendió muy bien, tan bien que se involucraron sentimentalmente.

La relación con la reportera fue como un renacer en su vida, un descubrimiento del entorno, de la ciudad; logró conocer personas y sitios diferentes ¿mejores? nunca supo, se dio cuenta que así como el país son dos países básicos: Bogotá y el resto, con dos realidades diferentes, con luchas diferentes y mentalidades diferentes, de golpe en la ciudad también habían dos mundos diferentes: un cierto grupo con acceso a la información, las oportunidades y los bienes y, el resto de la gente. Parecía que, por su nueva novia, se asomaba al primer grupo. Realmente la quería, por lo que era ella, le sentía admiración por ver que había logrado, gracias a su trabajo, pertenecer a esa élite, con acceso a la información, con la posibilidad de llegarle al público, con la capacidad real de ayudar. La quería bastante, nunca la asumió como un puente para su propio surgimiento.

El reportaje que hizo su novia fue un éxito desde el primer momento, la miseria vende. El Canal de TV lo inscribió en el principal concurso de periodismo, ganó. La reportera se tornó en la celebridad del momento, quizo compartir el logro con Fernando, pero ella era la estrella, a él sólo le importaba que ella estuviera feliz. El Canal la premió además encargándole una serie especial de reportajes que se llamó "el empresario chacho" y cuyo verdadero fin fue impulsar empresas que hacían parte del mismo consorcio al que pertenecía el Canal.

En las afueras del aeropuerto El Dorado, muelle internacional, un par de oficinistas renegaban por el frío, era de noche y aunque siendo miércoles, habían pasado el día enguayabados "¿es que uno no tiene derecho a beber? para eso soy el Jefe, jejejeje". Aparecía del interior, muy elegante, un europeo, los oficinistas le recordaron, imitando vergonzosamente un acento extranjero, que este era su segundo hogar, el Europeo, entre dientes, y sin que sus amables anfitriones le entendieran, maldijo por tener que venir a donde estos indios. Lo llevaron al mejor hotel de la ciudad. El hombre era representante-copropietario del Canal de TV en que trabajaba la novia de Fernando.

El Europeo ya en su cuarto, solicitó un servicio de "acompañante", esa noche tenía cierto apetito hacia una piel, bien, bien, oscura, eso sí, que cubriera un cuerpo muy, muy, generoso. Cuando estaba tomando a su visitante de un modo que recuerda acciones del mejor amigo del hombre, observó en la tele aparecer a la reportera estrella de su canal, no le pudo quitar los ojos de encima, unos ojos no muy benévolos. Sin soltar el trasero enorme de su compañera de ocasión, pensó que el próximo bocado habría de ser esa linda periodista, a la cual, por ser empleada suya, la sintió como de su propiedad.

Al día siguiente en visita a las instalaciones del Canal de TV, pidió hablar en privado con la periodista estrella del momento, le dijo que para él sería muy grato llevarla a trabajar a Europa, o ubicarla en una de las filiales en Estados Unidos. Para ella era toda una tentación, porque más allá de sus convicciones, pensamientos o reflexiones, un paso en ese sentido sería lo correcto. En su familia nunca se puso en duda lo importante que era salir de este país, por supuesto, al primer mundo. El Europeo le solicitó que por favor fuera su "guía", durante su breve estadía, la cual se prolongaría tanto como él considerara sentirse a gusto con ella.

Aconteció un trascendental encuentro de fútbol en la ciudad, en el estadio El Campín. Fernando pensó en ir y que su novia lo acompañase, ella le dijo que no, ya que se cruzaba con un inaplazable "turno de edición". Fernando optó entonces por ver el evento en televisión. Hubo un gol, gran celebración, la TV mostró al público frenético en el estadio, enfocaron la tribuna principal, con sus respectivos personajes, mostraron a la reportera estrella del momento abrazándose con un señor apuesto, anónimo para el público, como son anónimos los manejadores de las cuerdas en un teatrino de marionetas, pero reconocible para Fernando quien había venido oyendo de su novia algunos relatos sobre el espléndido visitante.

Quedó inquieto por lo que vio, esperó que su novia le hablase sobre lo ocurrido, mientras tanto le solicitó que fueran a una recepción en una embajada, de un país patrocinador de la Fundación. Estando ellos allí, llegó el Europeo, con la comitiva del Canal. Al ver a la reportera, el visitante, con un simple gesto facial la hizo comprender que debería ir a su lado, luego le manifestó que se deberían ir a un lugar menos aburrido, la periodista buscó a Fernando ¿su novio? para despedirse, lánguidamente, no sin decirle a él que "sabrás entender", ya que era "un asunto del Canal…" se fueron, dejó a Fernando para siempre. Los planes de la -Ex- serían seguir acompañando en su recorrido, por los intereses en Latinoamérica, al importante personaje. Transcurridos tres meses, la prensa del corazón informó que el Europeo abandonó en Lima, a la periodista, por Miss Perú.

Fernando se concentró en su labor, había quedado muy enganchado con el asunto del –trabajo infantil-. Adelantaban un proyecto interinstitucional con una capitana de la policía, atractiva, algo mayor que él, en el cual lograron desmantelar una banda que alquilaba bebés para pedir limosna en andenes de barrios de clase alta, en el norte de la ciudad. También le ayudó a un profesor del Chocó en una labor puerta a puerta, en un barrio algo retirado y para que se ubiquen, quedaba en la parte posterior, de la parte de atrás, de los cerros al sur de Bogotá, el objetivo era que los niños trabajadores pudieran asistir a una pequeña escuela, aunque fuera medio tiempo, en muchas ocasiones incluso con la oposición de sus padres, o lo quedaba de ellos, o lo que hacía las veces. No dejaban de ser actividades riesgosas para Fernando. Tuvieron con La Capitana un acercamiento sentimental, pero un superior de ella, quien además la acosaba sexualmente, se enteró y le prohibió tratos con "ese sujeto", ya que "si es de una ONG, no se sabe, puede ser guerrillero". En la escuela, manejaban a un grupo de veinticinco niños, quienes tenían desde cinco años de edad, en esos días estaban lamentando la desaparición de la Niña más grande, de trece años, quien era importante porque tendía un puente entre Fernando y el Profesor, con los demás niños, era una suerte de monitora.

Una tarde Fernando se encontró con unos compañeros de la universidad, que también se habían venido a buscar la vida en Bogotá, recorrieron tiendas por el barrio la Candelaria, se embriagaron y ya en la madrugada todos se fueron hacia sus casas, Fernando se quedó solo, bajó al Centro, recorrió las calles, no supo como, pero se fue internando en zonas no tan seguras, no tan recomendables. Estaba triste, sentía nostalgia, por su novia, aún no comprendía que había pasado, porque lo dejó, bueno, lo alcanza a entender, pero es que no creía… vio un bar, ingresó, parecía que no era un bar común y corriente había muchos hombres más borrachos que él y muchas niñas, algunas solas, algunas semidesnudas, era un burdel. Al querer salir, observó en la barra, pintorreteada y con el rostro inapacible, a la Niña monitora de la escuela, ella lo reconoció, salió rápido del sitio, el intentó ir tras de ella, se resbaló, cayó, el portero le trancó el paso, la Niña huyó.

En un programa radial de alta difusión, que trataba temas de actualidad, fueron invitados expertos en el tema del trabajo infantil, a última hora hubo uno que no pudo acudir, llamaron a Fernando como remplazo, le alcanzó a avisar al Profesor de la escuela, para que lo acompañara a la emisora, al encontrarse lo enteró de algo increíble, la niña, la monitora, regresó a estudiar, el siguiente paso sería ubicarle un cupo en un colegio. En el programa Fernando fue tomando especial protagonismo, por su conocimiento concreto sobre el tema, logró también que le dieran la palabra un par de veces al Profesor. Pero en su última intervención, se emocionó un poco y se despachó de manera vehemente, en contra del gobierno, de un modo que fue considerado como un severo ataque.

Dos días después, en la mañana, Fernando salía de su vivienda, había un taxi parqueado en frente, adentro dos hombres, abajo uno, el cual al verlo le preguntó su nombre, uno de los que estaban sentados salió rápidamente, Fernando por instinto, y sin vacilar dijo llamarse Carlos, pero ellos lo tenían identificado, el que bajó le lanzó un zarpazo, pero se quedó únicamente con la chaqueta de Fernando en la mano, el otro le trató de hacer zancadilla, Fernando trastabilló un poco, pero salió corriendo, como el viento. Siempre tuvo buena condición física, no lo alcanzaron.

Se fue directo a la Embajada de Italia, sabía que por su ascendencia le podían ayudar, también los había conocido gracias al trabajo. Su mente daba vueltas ¿Sería por lo que dijo en la radio? ¿Sería por lo de la banda de los bebes? ¿Sería el Jefe de la Capitana? Su celular sonó, y aunque le habían aconsejado no contestar lo hizo, era una exnovia de la adolescencia, su primer amor, le dijo que se encontraba en Bogotá, que quería verlo. Había estado llamándolo y él la había atendido porque estaba un poco solo, pero ya no sentía lo mismo por ella, no quería herirla… pero igual, tampoco la podía ver ya, por la seguridad de los dos. La Embajada le organizó velozmente un refugio en Italia, procedimiento que él no pocas veces había criticado, ya que según testimonios de los mismos funcionarios de varias embajadas, la mayoría de asilos solicitados por colombianos, aduciendo problemas contra la integridad personal, realmente obedecían a otros tipos de amenazas: el desempleo, el subempleo y en general la ausencia de oportunidades dignas. Tampoco quería abandonar su trabajo, pero sacó fuerzas al recordar las fechorías de su jefa, los pactos que ella hacía por debajo de la mesa con políticos corruptos, se sintió mal, creía que debería dar la pelea, para que esas organizaciones y para que todas las entidades en general, gubernamentales o no, dejaran de ser operadas por corruptos, con métodos mafiosos. Pero ese día la meta era vivir, para poder luchar mañana.

Atravesó el túnel que conectaba la sala de espera, con un enorme avión, se formó una pequeña fila antes de la puerta, recordó cuando su mamá contaba que el abuelito al salir de Italia, con la familia, no alcanzó a entender exactamente por que se iban, él tenía la misma sensación. Ingresó a la nave, comenzó un fuerte ruido sobre el techo, estaba granizando, pensó que tendría que acostumbrarse al frío que lo aguardaba en Europa, era octubre.



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Un caso de delitos cibernéticos